Carl's Jr. Lovers by: monchie
Hay un celular que parece nuevo pero está muy desgastado, es un modelo de hace 5 años, de una orilla cuelga un llavero, una especie de muñeca marchita gótica acaramelada y con gafas muy claras, tiene la boca abierta y media ceja borrada, se toca el pecho, está sola y me recuerda siempre a la chica que me regaló el llavero. +++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ 1. Yo sigo a 3 clases de mujeres: lindas, destruidas e introvertidas. Pero ese día escapaste a toda lógica. Subí al taxi con prisa, llevaba más de una hora de retraso, es increíble que ante mi neurosis sea tan descuidado, pero es que pierdo la noción del tiempo. No suelo hablar con extraños en ninguna parte, desde los 14 años aborrezco (más o menos uniformemente) a las personas, pero subiste al taxi y te sentaste junto a mí. De una manera tan extraña (y como si fuéramos piezas del destino) te hablé, todo en ti me pareció raro: tu piel morena y esos ojos tristes, hundidos y penetrantes, los pechos prominentes ante tu delgadez, la falda fancy y unas sandalias baratas, además sonreías perdida y hablabas, decías… cosas maravillosas. Íbamos al mismo lugar, coincidiendo en espacio y tiempo, en las palabras y el lenguaje corporal, subimos al tren que tienen 33 paradas distintas y acudimos al mismo sitio, me pareció increíble, pero natural. En ese momento yo quería pasar el tiempo contigo, indefinidamente. Y así charlamos, me parecías muy atractiva (aunque no eras nada bonita), cada palabra que articulabas tenía vida propia, y te quería besar. Bajamos y te invité a comer. Todo este viaje lo había planeado en solitario, con mis audífonos, leyendo, viendo por la ventana, tomando café, pero apareciste para someternos en una burbuja misteriosa cuyo camino quería adivinar: yo te debí conocer por una razón.
2. Tenía 6 meses de soltero, ni que decir de mi horrible noviazgo anterior, fue tan doloroso que ya ni siquiera pensaba en las posibilidades, fue todo perder. Entonces, de repente, estabas tú, con toda esa figura mítica y familiar, con esos frames pestañeantes, hablando conmigo, comiendo y tomando café como si el mundo se fuera a acabar. Creo que ahí empecé a conquistarte, mi encanto surtió efecto también, y es que tú y yo fuimos puestos aquí, en este tiempo y lugar para enamorarnos, para hacer locamente el amor, para hacer cosas desesperadas, simplemente para juntar dos dimensiones gemelas (y opuestas) a favor de la reproducción humana. Pero tenías que irte… pensé, influido por toda esa mierda romántica que había aprendido en mi clase de literatura de la universidad, que si estábamos destinados a tener algo nos volveríamos a encontrar, sin importar cómo. De todas maneras te deje mi correo electrónico. Al despedirnos te abracé muy fuerte, y me devolviste el abrazo entre tus delgados músculos, me diste un pequeño beso, pensé en ti el resto de ese día. La semana siguiente esperaba tu correo, primero cándidamente, después con desesperación, no me escribiste. No había manera de rastrearte, no existías en Internet, apenas sabía de ti, además no conocía exactamente en cuál ciudad vivías. Me fui haciendo a la idea (terrible) de que me había equivocado, que tú y yo, como los lazos humanos frágiles, jamás nos volveríamos a encontrar, que fue un instante precario, en el que dos estrellas se encuentran, se aman y nunca más se vuelven a ver.
3. A veces pensaba en ti, pero yo deseaba mudarme a una ciudad más grande donde posiblemente no te encontraría, ni me recordarías, sería como si nunca hubiera existido. Así lo hice, y conocí a una chica: hermosa, sencilla, callada y de mirada fulminante. Enseguida empezamos a compartir los días. No era como aquello que había sentido contigo, era distinto, sin prisas, suave y reconfortante, seguro y familiar. No estaba enamorado pero era parte del encanto, al lado de esta chica parecía sumirme en una época inmutable, próspera, dulce hasta las lágrimas, una estabilidad que en ningún momento había tenido, y claro que quise olvidarte, y progresivamente lo fui haciendo, hasta que te volviste un recuerdo borroso, y yo fui formalizando mi relación con esta chica que me invitaba a buscar a su lado una felicidad que yo ignoraba, que ni siquiera imaginaba.
4. Todo iba perfecto… lamentablemente si estábamos destinados a encontrarnos, a pesar del tiempo y la distancia, de los millones de personas de esta inmensa ciudad, de mi actitud distraída y mi obsesión por salir poco y siempre a lugares no concurridos, tenía entonces que toparme contigo. En realidad tú me encontraste a mí. Yo iba inmerso en mis audífonos, pensando como siempre, imaginando y planeando la tarde en solitario, y te apareciste y me abrazaste. Me emocioné, no sabía muy bien cómo reaccionar, eras tú, exactamente como la primera vez, con los ojos hundidos y penetrantes, con esa voz hipnótica, me quede ahí sin moverme, apenas ladeando la cabeza mientras hablabas. Fuimos por un café, estaba nervioso, me porté mal, grosero y egoísta, por un momento temí que te fueras. Después todo fue sencillo e hicimos clic de nuevo. Me contaste que estabas en la otra ciudad casi todo el tiempo y que sólo venías una vez al mes aquí para comprar algunas cosas para tu papá, coincidimos en el día y en el basurero, otra vez. Me parecía de la misma manera algo natural, y una prueba de que tú y yo teníamos algo, una unión misteriosa, tal vez desde vidas pasadas. Quizás sólo era una idea para darle un significado especial a tu persona, y es que después de odiar tanto tiempo a la humanidad, ver a una chica encantadora como tú es casi un milagro. Pero yo ya no estaba solo ni disponible, andaba con una chica, y no era cualquiera, había decidido que fuera serio, era como un mar en calma donde podía sumergirme sin ahogarme. De todas maneras te pedí el celular, no quería volver a perderte. Coincidimos en vernos una vez al mes, cada que vinieras a la gran ciudad.
5. Las mejores ideas de mi vida han surgido en Carl’s Jr., también mis más grandes decisiones, y sobre todo en este restaurante es donde he enamorado a mis chicas. No se si sean esas hamburguesas tan grandes, las papas grasosas (y deliciosas) o la posibilidad de tomar soda infinitamente, pero es precisamente el sopor que emana de la comida el que produce un efecto mágico en el que puedo usar mi encanto natural y la habilidad de manipular el lenguaje en pos del amor sexual. Nunca falla, por eso siempre salgo en mi primera cita a Carl’s Jr., he intentado con KFC y con Pizza Hut, pero nunca es lo mismo, no se genera el mismo efecto, no hay el mismo amor masificado de producción de alimentos, ni esa estrellita coqueta recordándote que pronto tendrás un orgasmo. Y decidí que esa vez fuéramos a Carl’s Jr. Sé que sueno tremendamente cabrón, pero tenía una buena razón, había una hamburguesa nueva, rellena de papas fritas y Salsa Amor, tenía que probarla y compartirla contigo. Carl’s Jr. surtió efecto. Fueron 4 horas de hablar sin parar, tanta cafeína me da la energía y me quita los filtros de realidad, creó que hablé demasiado, pero a ti te gustaba, convertía temas de conversación estúpidos en suaves discusiones, no estaba de acuerdo en casi nada de lo que decías pero lo ocultaba tras un chiste ingenioso, me porté bien, hasta fui a servirte un poco de Coca-Cola con Sprite, no comí aprisa, no use aderezos exóticos, éramos solamente tú, yo y la hamburguesa especial.
6. Se hacía noche, era el momento de decidir si este sería un final hollywoodense, feliz y caprichoso, con un guiño a la locura y la aventura, donde escapáramos juntos y empezáramos una nueva vida, un cheque en blanco, un lavado de cerebro, globos de colores irradiando el cielo; o por el contrario, si este sería un final de cine de arte, tremendamente largo y doloroso, abierto y turbio, cargado de drama y erotismo, trágico y amargo, una bala fría en el corazón. Tú esperabas mi próximo movimiento, se acababa el tiempo de tomar decisiones, nos mirábamos a las manos, a los ojos, a nuestros labios, a punto de surgir esas palabras “mágicas”, entonces llamó mi novia:
-Amor, te traje una nueva hamburguesa de Carl’s Jr., creo que te gustará, tiene toda esa basura que te encanta, quería saber si ya venías porque se está poniendo fría, y porque ya quiero verte…
Pude haberme quedado en silencio o titubear un poco, decirle mentiras, decirle la verdad, colgarle, gritarle, desquiciarme, llorar…
-Si amor, en media hora llego.
7. Si alguna vez estuvimos destinados tú y yo ya no lo sé, pero esa noche tomé la decisión de no esperar nada, de borrarte parcialmente de mi mente (al menos del lado de los deseos), esa noche quedaste reducida a un recuerdo, vago, desgastado, lejano… pero siempre presente, en alguna parte en la que esta historia jamás pudo concluir, donde nunca te volvía a ver, donde nos apresuramos a olvidar nuestros rostros.
8. Estábamos cerca, en la misma ciudad, en el mismo barrio, en la misma calle, pero fue imposible volver a reconocernos.
FIN ++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++
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