******************************************************************************************************************************************************************************* ******************************************************************************************************************************************************************************* Fashion Suicide Superstar: asia argento THE MONCHIE HORROR PICTURE SHOW
miércoles, julio 30, 2008
asia argento
Crying out blood in the end of the world:
Una mirada al cine asiático contemporáneo



By: monchie horror shizumu_kushin@hotmail.com

Al hablar de cine asiático contemporáneo me refiero particularmente a las producciones realizadas en Japón, China y Corea del Sur, desde la segunda mitad de los años noventa del Siglo XX hasta nuestras fechas. Lejos del enamoramiento de occidente por figuras como Akira Kurosawa y Kenji Mizoguchi, nuestro público había tenido un acercamiento tímido hacía al cine oriental. Si bien la industria cinematográfica en Asia había surgido casi a la par de los pioneros, su cine aún era muy intimista, desconocido o incompresible para la mayoría de las personas ajenas a ese ambiente. Los diferentes conflictos internos entre Asia, y las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial pusieron la mirada del mundo hacía ese continente, hubo una apertura, una admiración casi romántica por los paisajes exóticos y las figuras enigmáticas, por el pasado glorioso y las historias cargadas de un fuerte contenido emocional. Lo curioso es que oriente había igualmente adherido el pensamiento occidental a sus películas, el neorrealismo trastocaba sus piezas, al igual que la nouvelle vague, había una especie de comunión entre una corriente y otra, una formulación de mitos propios a través de la reinterpretación de hechos ajenos. Estados Unidos tuvieron sus b-movies, su cinema western y de mafiosos, Japón su Godzilla, su cine de samurai (que después se convertiría en yakuza). Durante los años ochenta ese enamoramiento por lo oriental se observó de manera explicita en la cultura pop, en el Big in Japan, en los admiradores de Bruce Lee, los sushi bar y los restaurantes de comida China, el budismo Zen, el anime, el taek-won-do, Karate Kid, los ensayos sobre Yukio Mishima, Steven Spielberg y George Lucas al acecho como depredadores de ideas, incluso los hermanos Almada tuvieron su versión de Kung Fu. En los noventa estas visiones abstractas se volvieron un cliché, una broma de mal gusto, la nueva juventud de Asia poco tenía que ver con la mirada fantasiosa de antaño, de hecho estaban en una crisis por su identidad y valores, por la negación a lo tradicional y la aceptación incondicional del vacío existencial, por la asimilación acelerada y desmedida del pensamiento occidental, el miedo al futuro trágico, y después la negación, la desesperanza. Precisamente es aquí cuando una nueva gama de directores surge y trata, cada quien a su manera, de ofrecer visiones –alternativas- del estado actual, una radiografía compleja o directa, intima y ausente, igualmente hipersensible y ultraviolenta, un estadío de emociones dispersas y unidas a través de las imágenes en movimiento. La pauta comercial, sin embargo, la marcó Japón. Si bien el cyberpunk japonés propuso culto, fue el j-horror (especie de thriller de horror basado en antiguas leyendas adecuadas al entorno contemporáneo) el que inició la vuelta de las miradas jóvenes a oriente. Corea del Sur y China se nutrieron de este novísimo género, y destacaron sus propias versiones, disímiles pero a veces bien logradas, el mercado terminó saturado rápidamente, abriendo la visión a cosas más interesantes. En principio, en este periodo, en Japón se debatían entre cineastas como Takeshi Kitano (personaje multifacético, que tanto podía ser director, actor, comediante, pintor, músico…) que buscaba de alguna manera (con películas como Zatoichi y Dolls) reencontrar ese pasado tradicional, y hacer una revisión brillante mediante la lupa crítica del presente. Por otra parte estaba Takashi Miike (igual de multifacético que Kitano, pero menos conservador), el cual realiza mediante sus películas (algunas inclasificables) tanto una exploración psicológica y sociológica de la violencia (desde el punto más alto de la expresión estética), como una compleja interpretación de los conflictos morales de la nueva sociedad interconectada. Y la moneda todavía tiene más caras, hay también directores como Shunji Iwai, con ojo de videoclip que retrata la visión fría y decadente de la adolescencia, con tacto maduro, femenino, sentimental e impredecible, cine de marcado crecimiento emocional. Hideaki Anno, con Love and Pop y Ritual, también se une a esta corriente de cine profundo sobre conflictos adolescentes, y además se convierte en un innovador visual y narrativo (proveniente del mundo del anime), un tocador de almas, visitante de mitos. Directores como Sion Sono, exploran el lado más siniestro de las emociones, Suicide club o Strange Circus son claras denuncias sobre la nulidad de acercamiento interpersonal en nuestra sociedad, y son además mensajes directos, sin censura, cinéticos. Kinji Fukasaku continua con esta visión desoladora mediante su Battle Royale, máxima experimentación de los instintos de supervivencia por sobre los más arraigados valores humanos. En Corea del Sur, el cine ha alcanzado un nivel comercial sin precedentes, los nuevos realizadores han sabido explotar estupendos guiones con una visión cinematográfica innovadora. Park Chan-Wook con su trilogía de venganza, pero particularmente con Oldboy se ha ganado la admiración del público occidental, su última película I*m a cyborg but that*s ok, es como si el realismo mágico existiera y estuviera bien hecho. Jang Joon-Hwan es un iconoclasta, en Save the green planet fotografía a la sociedad coreana de la manera más violenta por medio de un inverosímil relato de ciencia ficción, Bong Joon-Ho en The host, repite la formula, pero ahora bajo el pretexto de una película de monstruos. Incluso el caso de Eun-jin Bang y su hija única Princess Aurora, que tras una aparente persecución de venganza, intuye delicados conflictos morales ante personajes sórdidos e inhumanos, donde irónicamente la villana posee valores más altos que los afectados. El caso de China es interesante, su cine se desarrolla principalmente en 3 vertientes: el cine de Hong Kong, el cine de Taiwán y el del interior de China. A partir de los años noventa el cine en este país ha tenido por una parte carácter social-crítico (clandestino) y por otra parte de revaloración de los valores fundamentales de la nación (aceptado). Cineastas como Jia Zhang-Ke (Unknown pleasures) y Yu Lik-Wai (All tomorrow*s parties) parten de una premisa sobre la problemática actual del país, donde los jóvenes no siguen aspiraciones, porque simplemente no las hay, en sí la única certeza es la frivolidad y la estatización. Por otra parte esta Wong Kar-Wai y sus diarios intimistas sobre relaciones humanas, que parecieran ajenos a cualquier postura política, pero que sin embargo están ahí en forma de metáfora (en 2046, sobre el dilema entre el pasado y el futuro de China). Y del otro lado está el cine hiperestilizado, espectacular y bello, de exportación: Hero, de Zhang Yimou, El tigre y el dragón de Ang Lee. Políticamente correcto, fácil de ver en familia, fuegos artificiales y palomitas, y al final uno cree que aprendió algo nuevo.



































































posted by Monchie Horror @ 3:49 p. m.  
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About Me: en mi otra vida fui pianista. cuando era niño queria ser: mimo, mago y comediante, tambien balarin de tap y titiritero, nada de esto funciono. despues empece a hacer mis propios comics: el camello galactico y godzilla vs. mario bros. todos fueron repudiados por la critica, con desesperanza me refugie en las peliculas y caricaturas de los 80*s. despues la musica y los libros me hicieron ver que la vida es como tiritas acidas de colores nucleicos. siempre he sido triste, y conforme pasan los anos nada me aleja de pensar que la tristeza no cesara. me gusta mucho escribir, pero mi sueño es llegar a ser director de cine, sino me muero muy joven creo que lograre serlo. a veces soy un panda otras tantas me vomito, pero siempre puedo contar con que las cosas estaran cada vez peor. odio los gritos. odio a las personas escandalosas. amo la nieve. amo el chocolate.
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